El Museo Thyssen-Bornemisza es un museo de arte antiguo y moderno (en su mayoría pinturas) ubicado en Madrid (España). Su existencia se debe al acuerdo de arrendamiento y a la posterior adquisición, por parte del Gobierno español, de una amplia selección de la colección reunida por la familia Thyssen-Bornemisza a lo largo de dos generaciones. Esta colección privada contaba con múltiples artistas ausentes de las pinacotecas españolas, desde el siglo XIII (Duccio) hasta autores aún vivos como Lucian Freud, por lo que resultaba ser el complemento perfecto para los dos principales museos de Madrid, el Prado y la Reina Sofía. Lidera con ellos el llamado Triángulo del Arte, acaso la concentración pictórica más importante de Europa.

La institución, gestionada por una fundación, tiene su sede en un edificio histórico, el Palacio de Villahermosa, y mantiene prestadas unas 60 obras en el MNAC de Barcelona. A medio plazo contribuirá a la gestión de dos museos más, en Málaga y Sant Feliu de Guixols (Gerona), creados con obras de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
Los interiores tanto del Palacio de Villahermosa como de los dos palacios Goyeneche habían sido alterados en el pasado, por lo que carecían de valor histórico-artístico y pudieron reformarse en profundidad, incorporando la tecnología más moderna.
El Museo Thyssen-Bornemisza abrió sus puertas al público en octubre de 1992. El contrato de alquiler fue una solución provisional, para comprobar el funcionamiento del museo, y apenas un año después los Thyssen accedían a suscribir con el gobierno español la venta de la parte sustancial de la colección: 775 piezas, entre ellas todas las importantes (el llamado «core» indivisible) por un precio de 350 millones de dólares (unos 42.000 millones de pesetas de la época). De esa cifra se restaban las cantidades ya abonadas como alquiler.
La elevada suma provocó discrepancias en el Congreso de los diputados, si bien la valoración de la colección era muy superior (según algunas fuentes, el triple).

En contra de lo que algunos supusieron, el propósito del Barón no era lucrarse económicamente, pues al vender las obras juntas y no subastarlas una a una, perdía dinero. Según explicó, su deseo era garantizar la pervivencia de la colección unida, y de hecho el dinero recibido lo repartió entre sus herederos a modo de compensación. Así eliminaba posibles reclamaciones como las ocurridas al morir su padre. Junto con la colección adquirida, tanto el museo de Madrid como la subsede de Barcelona expusieron otras piezas aún propiedad de la familia, cedidas en depósito.
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