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Un escenario especial y con mucha historia

Publicado el 30 de marzo de 2009 por
Guardado en: Destinos, España / Tags: ,

El anfiteatro de Tarraco en Tarragona, España es un lugar plagado de historia que muchos siglos han acumulado en su ya deteriorada estructura pero que en su época dorada sirvió de espacio de recreación donde se desarrollaban diversos espectáculos. Este anfiteatro podía albergar un total de 14.000 espectadores y, para días de mal clima, podía ser cubierto íntegramente por un toldo o lona.

Ubicado en un espacio extramuros y contiguo al mar, el terreno donde se erigió la edificación se encontraba muy cerca de una de las puertas de la ciudad, de manera que era fácilmente accesible así como también se eligió la zona por sus características topográficas que permitieron hacer una construcción cávea sin grandes costos y esfuerzo.

Este sitio es, hoy, parte del llamado Lugar Patrimonio de la Humanidad llamado «Conjunto arqueológico de Tarraco», y si bien el edificio se encuentra muy deteriorado, aún pueden apreciarse sus características arquitectónicas.

La razón del deterioro no es otra que la abultada cantidad de tiempo que ha pasado desde su construcción hasta nuestros tiempos sumados a la erosión natural marina, casi inevitable; y es que el Anfiteatro fue construido en el siglo II, según versa la historia, por un “flamen provinciae Hispaniae citerioris”, una especie de alta curnia religiosa de la Roma de aquélla época.

La cávea se encontraba dividida en tres diferentes sectores que estaban separados entre sí por pasadizos y pequeños muros que servían a la distribución y ordenación jerárquica de los espectadores que se ordenaban según la escala social.

Para quienes visitan el Anfiteatro actualmente, resulta difícil imaginar cómo se veía la fachada en aquel entonces, pues hoy sólo se puede adivinar un par de enormes puertas de acceso llamadas “Triumphalis” que era la utilizada para el acceso de la procesión inaugural y “Libitinensis” por donde se realizaba la salida de los cuerpos muertos.

Y parecerá morboso el nombre de la segunda puerta pero, ciertamente, el entretenimiento de aquélla época radicaba en espectáculos de luchas de gladiadores que se enfrentaban en duelo mortal, así como también los enfrentamientos con fieras salvajes descritos en los libros de historia.

Este lugar fue, también, escenario de los martirios de los primeros cristianos tarraconenses que, según narra la historia, luego de abandonarse en el siglo V, vivió la construcción de una basílica visigótica sobre cuyos restos posteriormente se edificó una iglesia romano-gótica en los siglos XII y XIII.

La edificación que podemos apreciar en la actualidad es el resultado final de siglos de historia y construcciones, así como una restauración que en los años ´70 se realizó para ser conservado como patrimonio de la región.

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