Dentro de la Comunidad Autónoma de Castilla – La Mancha, Campo de Criptana es uno de los municipios más reconocidos a nivel mundial. Si bien el nombre tal vez no te parezca familiar en una primera instancia, si alguna vez has leído “El Ingenioso Hidalgo de Don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes Saavedra, sabes de lo que te estoy hablando.
Ubicado en el territorio provincial de Ciudad Real, Campo de Criptana es el lugar donde se encuentran ubicados esos enormes molinos de viento al que Don Quijote calificó de gigantes a vencer, creyendo que eran enemigos. Y son ésos “gigantes” los que hoy conforman uno de los atractivos más importantes del municipio en general y de la ruta Don Quijote en particular.
Más allá de la historia literaria que guardan los molinos, la realidad es que para el territorio conforman una parte esencial de la historia pasada, presente y futura. Es que la función esencial de éstos radica en hacer posible la cosecha de cereales cuando llegan los meses áridos y los acueductos de la comunidad no son suficientes para abastecerlo.
Quienes saben sobre el tema concuerdan con que los árabes fueron los que depositaron estos instrumentos en la región y los hicieron funcionar. Y aunque no se sabe con precisión cuando llegaron a Campo de Criptana, los primeros datos que se registran son de 1575 cuando Cristóbal Miguel y Alfonso Sánchez Rubio mencionaron por primera vez que había “muchos molinos de viento”.
Fue recién en 1752, dos siglos después, cuando se logró contabilizar que eran 34 los molinos que existían en la ciudad. Lamentablemente, no siempre se les dio la importancia necesaria y, con la llegada de los granos de Rusia, Estados Unidos y Australia al mercado europeo, en 1870, fueron dejaron de lado de manera significativa.
Después llegó la Guerra Civil y con ella, aparejada la posguerra, que terminaron por hacer desaparecer a casi todos ellos, aunque tres lograron sobrevivir y otros siete fueron restaurados. De esta manera, en la actualidad son 10 los molinos que podemos apreciar en el recorrido.
Burleta, Infanto y Sardinero, los tres ejemplares sobrevivientes, fueron considerados Patrimonio Nacional y Bien de Interés Cultural y son los únicos en los que se puede encontrar las maquinarias que los hacían funcionar. De manera diferencial, los restantes comenzaron a cumplir otro tipo de funciones como albergar la Oficina de Turismo o permitir el funcionamiento de diferentes tipos de museos.
Fotos: Mapicruz – Antitaurina en Flickr
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