Entre algunas de las ofertas que se puede encontrar para una escapada de pocos días se encuentra la visita a la ciudad de Amarante, Portugal, situada en una ricas tierras agrícolas donde se obtiene el mejor vino de toda la región y que guarda entre sus calles una rica historia de héroes locales.

Esta pintoresca ciudad que se erige junto al río Támega y a la vecina localidad de Penafiel , es muy conocida por poseer una zona muy fértil que parece estar salpicadas de pequeños viñedos de vino verde, denominados de esta manera debido que para la realización de esta bebida se utilizan con uvas recogidas tempranamente.
Es posible aquí seguir las rutas del vino verde, ya sea a través de excursiones organizadas o independientemente, donde conocerá los secretos de las diferentes bodegas, además de poder ver las diferentes plantaciones de vides rodeadas de hermosos paisajes.
Si ha de venir en familia y tiene pequeños con usted, la recomendación pasa por llevarlos al parque Acuático de Amarante que se encuentra a unos dos kilómetros de la ciudad, y cuenta con varias piscinas con agua climatizada y toboganes de distintas alturas que serán del entretenimiento de los pequeños.
Así podrá tener tiempo, mientras para caminar por la ciudad histórica que le mostrara algunas riquezas de su pasado como el convento y la iglesia de Sao Goncalo que fueron fundadas en 1540 y conservan su arquitectura renacentista en su fachada y en su interior, que cuenta con varias galerías donde se erigen las estatuas del siglo XVII de los distintos monarcas que gobernaron estas tierras.

Tambin es posible llegar hasta el Museo de Amadeo Souza Cardoso, llamado así a favor del más conocido pintor cubista portugués del siglo XX. Aquí es posible gran parte de su trabajo, como también algunos retratos y paisajes de los artistas Antonio Carneiro y Jaime Azinheira.
Sin contar por conocer el famoso puente de Sao Goncalo, uno de los héroes de esta ciudad que es considerada un símbolo del desafío Amarante en la lucha contra los Franceses, construido en 1796, aunque en 1763 este se derrumbo en una gran inundación.
Un asombroso recordatorio de los disturbios del ataque francés en el siglo XIX es poder observar las ruinas y el esqueleto de una antigua casa solariega por encima de la calle Cándido dos Reis.
Desde allí, ir hasta las orillas del río donde se ubican en su mayor parte los hermosos restaurantes y cafés que ofrecen levantar él animo con sus exquisiteces y descansar con las mejores vistas de la ciudad.
FotografiasFlickr
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